El 22 de mayo de 2010, un programador de Florida llamado Laszlo Hanyecz se comió dos pizzas de Papa John’s. Pizzas normales y corrientes. La factura: 10.000 bitcoins. En aquel momento, esa cantidad equivalía a unos 41 dólares, así que parecía un capricho razonable. El problema es que esos mismos 10.000 bitcoins, en los años siguientes, llegarían a valer cientos de millones de dólares. Hanyecz protagonizó, sin saberlo, la que probablemente sea la comida más cara jamás pagada. Y la comunidad cripto lo celebra cada año.
La primera vez que el bitcoin compró algo del mundo real
En mayo de 2010, el bitcoin tenía poco más de un año de vida. Existía, se podía «minar» con un ordenador doméstico, pero no servía para comprar absolutamente nada: no había tiendas, ni cajeros, ni precio oficial. Era poco más que un experimento entre informáticos y criptógrafos en foros de internet.
Hanyecz quería demostrar que aquella moneda digital podía usarse como dinero de verdad. Así que el 18 de mayo lanzó una oferta en el foro Bitcointalk: pagaría 10.000 bitcoins a quien le enviara dos pizzas grandes a casa. No le importaba quién las pidiera ni de dónde; solo quería ver si la cosa funcionaba.
Durante unos días no pasó nada. Hasta que el 22 de mayo, otro usuario del foro (un joven que vivía en California) aceptó el trato: pagó dos pizzas de Papa John’s con su tarjeta, se las hizo llegar a Hanyecz a Florida, y recibió a cambio sus 10.000 bitcoins. La primera transacción comercial de bitcoin de la historia se había completado. Hanyecz volvió al foro y escribió, satisfecho, algo así como «chicos, he cambiado bitcoins por pizza».
Cuánto valían esas pizzas… con el tiempo
Aquí es donde la anécdota se convierte en leyenda. Hagamos las cuentas de cuánto habrían valido esos 10.000 bitcoins en distintos momentos:
- 22 de mayo de 2010: unos 41 dólares (el precio de las pizzas).
- 2013, cuando el bitcoin superó los 1.000 dólares: unos 10 millones de dólares.
- 2017, en su primer gran máximo cerca de los 20.000 dólares: unos 200 millones de dólares.
- En los máximos posteriores, con el bitcoin superando ampliamente los 60.000 dólares: más de 600 millones de dólares.
Es decir: cada una de aquellas dos pizzas ha llegado a «costar», en retrospectiva, más de 300 millones de dólares. Un récord que ningún restaurante podrá batir jamás.
¿Se arrepiente Hanyecz?
Es la pregunta que todo el mundo le hace, y su respuesta es sorprendentemente serena. En diversas entrevistas a lo largo de los años, Hanyecz ha explicado que no vive atormentado por ello. Su argumento tiene sentido: si nadie hubiera empezado a usar el bitcoin para cosas reales, el bitcoin nunca habría llegado a valer nada. Alguien tenía que ser el primero en demostrar que servía para comprar, y resultó ser él.
También ha señalado, con humor, que de todas formas probablemente habría vendido sus bitcoins mucho antes de los grandes máximos —como hizo casi todo el mundo que los tenía en 2010—, así que la fortuna teórica de cientos de millones nunca habría sido real en la práctica. Es un consuelo razonable.
El «Bitcoin Pizza Day»
Lejos de ser un secreto vergonzante, la historia se ha convertido en una fecha de celebración. Cada 22 de mayo, la comunidad de las criptomonedas celebra el Bitcoin Pizza Day: la gente pide pizza, comparte la anécdota y rinde homenaje a la primera vez que esta moneda digital sirvió para comprar algo tangible. Se ha convertido en una especie de cumpleaños simbólico del bitcoin como dinero.
Qué nos enseña esta historia (más allá de la cifra)
Es fácil quedarse en el «pobre hombre, perdió millones». Pero la anécdota encierra varias lecciones más interesantes:
- El valor del dinero es una convención cambiante. En 2010, 10.000 bitcoins valían dos pizzas porque eso era lo que la gente estaba dispuesta a aceptar por ellos. El «valor» no estaba en el bitcoin, sino en el acuerdo colectivo sobre lo que valía — y ese acuerdo cambió radicalmente.
- Las decisiones se juzgan injustamente con información del futuro. Con lo que sabemos hoy, parece una locura. Pero en 2010, gastar una moneda experimental sin valor de mercado en demostrar que funcionaba era una decisión perfectamente sensata. Juzgar el pasado con los datos del presente es uno de los sesgos más comunes (el «sesgo retrospectivo»).
- Alguien tiene que ser el primero. La adopción de cualquier nueva forma de dinero —del papel moneda a las tarjetas— necesita pioneros que asuman el riesgo de usarla antes de que esté establecida. Sin esos primeros pasos «absurdos», no hay revolución.
La moraleja
La historia de las pizzas de Hanyecz no es la de un tonto que perdió una fortuna. Es la de la primera persona que tomó en serio la idea de que unos números en un ordenador podían ser dinero de verdad. Que esos números acabaran valiendo una fortuna no es culpa suya por gastarlos: es la prueba de que su experimento funcionó incluso mejor de lo que nadie imaginaba. Probablemente las dos pizzas más importantes de la historia de las finanzas — y, según cuentan, estaban buenas.
Fuentes y para saber más: el hilo original de Laszlo Hanyecz en el foro Bitcointalk (mayo de 2010) y las numerosas entrevistas posteriores recogidas por medios como The New York Times y la BBC con motivo de los sucesivos «Bitcoin Pizza Day».
bloquefinance es un blog divulgativo. Este artículo cuenta un episodio histórico y no constituye asesoramiento financiero ni recomendación de inversión en criptomonedas.